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Campeones, no adversarios de la inclusión

Por Bill Henderson, Retired Principal, Dr. William W. Henderson K-12 Innovation Inclusion School

En las aulas inclusivas, hay miles de programas, materiales y aplicaciones que pueden ser útiles para promover el aprendizaje y el éxito de los estudiantes con discapacidades. Pero ninguno dará resultado si no exhibimos continuamente las siguientes cualidades:

Centrarse primero en la persona, sus aptitudes y potencial. Esto es de importancia vital. Con demasiada frecuencia, en las reuniones de los planes educativos individualizados, las salas o talleres de maestros, las aulas o patios de recreo o las reuniones comunitarias o de padres, no faltan quienes insisten en las carencias o limitaciones de los estudiantes con discapacidades. ¿Qué hacemos, denunciamos y combatimos esa visión unilateral subrayando los aspectos positivos y las estrategias para mejorar, o nos acobardamos y callamos? ¿Establecemos políticas que fomenten el respeto a la diversidad de capacidades —priorizando la inclusión en las declaraciones de la misión, mencionando tres características positivas de un estudiante antes de citar algo en que necesita mejorar, fomentando la sensibilización, destacando continuamente las contribuciones de las personas con capacidades diferentes— o dejamos mediante nuestra inacción que se continúe con las expectativas bajas y se renuncie a nuestra responsabilidad con el éxito de los alumnos?

Establecer una relación positiva con un corazón generoso. Esto es fundamental. Demasiado a menudo escuchamos relatos de indiferencia hacia los estudiantes con discapacidades. Algunos aún se resisten a considerar seriamente a la inclusión como opción fundamental y así niegan derechos civiles básicos. “Aceptan” a los alumnos con discapacidades en sus aulas pero no se relacionan con ellos con entusiasmo. Creen que basta con tratar a todo el mundo de la misma manera, pero en realidad, al no ofrecer las adaptaciones o servicios especializados necesarios, limitan las oportunidades. ¿Qué hacemos, denunciamos y combatimos esa indiferencia o nos acobardamos y callamos? ¿Establecemos políticas que promuevan las relaciones positivas —redactando descripciones de puestos de trabajo con expectativas de inclusión explícitas, ejemplificando y supervisando las interacciones apropiadas, identificando y utilizando apoyos útiles— o permitimos con nuestra pasividad que los estudiantes con discapacidades se sientan rechazados, incompetentes o excluidos?

Determinación de ayudar a los estudiantes con discapacidades a destacarse lo más posible. Esto es transformador. Con demasiada frecuencia somos testigos delas limitaciones provocadas por las expectativas bajas o autoritarias. ¿Qué hacemos, desafiamos a los estudiantes con discapacidades intelectuales o de lectura a que lean, a los que tienen impedimentos físicos a que hagan ejercicio, a los que tienen trastornos del habla a que interactúen con sus compañeros con la mayor independencia posible aunque a veces de maneras diferentes, o nos acobardamos, callamos y conformamos con un status quo inferior? ¿Establecemos políticas efectivas que reflejen niveles de determinación altos —estableciendo normas de aprendizaje y participación rigurosas, evaluando el progreso de los estudiantes y el desempeño del personal, colaborando y resolviendo problemas para lograr mejoras continuas— o nos quedamos en la palabrería y nos resignamos a niveles de logros mínimos y a personal inútil disfrazado de “amable”?

Es evidente que los alumnos con discapacidades que son incluidos necesitan y merecen personal de apoyo y maestros ilustrados y habilidosos que puedan identificar y poner en práctica una variedad de estrategias eficaces para promover su desarrollo. Pero a menos que podamos personificar un compromiso continuo con estas tres cualidades, jamás podremos maximizar el aprendizaje y la participación de los estudiantes. En lugar de ser campeones de la inclusión, seremos profesionales mediocres: débiles, permisivos, indiferentes y excluyentes.


Bill Henderson es ex director de la Henderson Inclusion School en Boston, Massachusetts, y ponente en seminarios y conferencias.