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La participación familiar en todas las escuelas

African American Family Using Tablet ComputerDurante las últimas décadas, la investigación en educación ha confirmado la relación que existe entre la participación familiar y el éxito de los estudiantes. En A New Wave of Evidence: The Impact of School, Family, and Community Connections on Student Achievement (Una nueva ola de pruebas: El efecto de las relaciones entre la escuela, las familias y la comunidad en el éxito de cada estudiante), Anne Henderson y Karen Mapp encontraron que los estudiantes de familias que participan en su educación tienen más probabilidad de éxito. Esto es cierto sin importar cómo se mide el éxito. Los estudiantes obtienen mejores calificaciones, tienen una mejor conducta, actitud más positiva y más probabilidad de graduarse e ir a la universidad. A las escuelas también les va mejor cuando incluyen a las familias y la comunidad como socios. Un influyente estudio de las escuelas de Chicago identificó “los vínculos fuertes con los padres y la comunidad” como uno de los cinco “apoyos esenciales” para una reforma escolar exitosa. Sin este pilar de apoyo fundamental, aun los planes de mejora mejor ejecutados tienen pocas probabilidad de éxito.

Por supuesto, todas las escuelas interactúan con las familias: envían boletines de calificaciones al hogar, celebran jornadas de puertas abiertas y buscan la ayuda de voluntarios. Pero entonces, ¿qué significa exactamente la “participación de la familia y la comunidad”? Un documento reciente del Proyecto de Investigación Familiar de Harvard, Beyond Random Acts: Family, School, and Community Engagement as an Integral Part of Education Reform (Más allá de las medidas al azar: La participación de la familia, la escuela y la comunidad como parte integral de la reforma educativa) lo explica de esta manera:

“La participación eficaz de la familia es una responsabilidad que comparten las familias, las escuelas y las comunidades para apoyar el aprendizaje y el rendimiento académico de los estudiantes. Es un proceso continuo, que va desde el nacimiento hasta la adultez temprana. Y tiene lugar en todos los ambientes en que los niños aprenden.”

Compartir la responsabilidad del aprendizaje y el rendimiento académico

En primer lugar, compartir la responsabilidad significa colaborar, sin acusar ni repartir culpas. Con esto en mente, hay muchas maneras en que las escuelas pueden dar los pasos iniciales. Una buen primer paso es facilitar el acceso a la información sobre el currículo, la instrucción, las evaluaciones y las políticas escolares. Además, las escuelas deben ser acogedoras. Tienen que alentar a las familias a informarse sobre la escuela y a participar en las actividades de aprendizaje. Una vez que las escuelas han compartido información y establecido una buena relación, tienen que darles poder a las familias y la comunidad para que participen en las decisiones importantes sobre la política escolar. Su perspectiva y perspicacia puede informar las decisiones que van desde los objetivos generales de la educación hasta las políticas específicas de disciplina o las prioridades presupuestarias. Los educadores también tienen que acercarse a las familias donde éstas viven y trabajan para generar confianza, mejorar la comunicación y comprender mejor los desafíos específicos que cada una enfrenta. En todas las actividades, las escuelas y familias deben concentrarse en mejorar los resultados de los estudiantes.

La participación familiar continua desde el nacimiento hasta la adultez temprana

Ahora se sabe que los primeros años de un niño tienen un gran efecto sobre su futuro. Aún después de esos años críticos, tienen que superar una variedad de desafíos sociales, emocionales y académicos para llegar a adultez preparados para una vida exitosa. Cuando los vínculos entre las familias, la escuela y la comunidad se entrelazan mediante una comunicación comprensiva y frecuente, forman una red de seguridad que permite detectar a los niños con dificultades y ofrecerles apoyo antes de que sea demasiado tarde. La vida de cada niño es afectada por las familias, los maestros, compañeros, consejeros y un sinnúmero de otras personas. Para hacer un buen trabajo, estas personas tienen que informarse acerca del pasado del niño y comprometerse con su futuro. Los lazos de colaboración entre las familias, la escuela y la comunidad que apoyan a los niños desde el nacimiento hasta la adultez pueden posibilitarlo.

La participación familiar en ambientes múltiples

Al pensar en educación, lo más común es imaginar el aprendizaje en el aula. Pero la realidad es que los niños pasan sólo una pequeña parte de sus vidas sentados en un pupitre escuchando a un maestro. La investigación ha demostrado que los alumnos que participan en actividades de aprendizaje fuera del aula suelen avanzar, mientras que los que no lo hacen generalmente se quedan a la zaga. Una de las mejores maneras en que las escuelas pueden disminuir estas diferencias de rendimiento es llenar la vida de cada niño con oportunidades educativas estimulantes, tanto dentro como fuera del aula. Hay muchas maneras en que las escuelas pueden promover el aprendizaje fuera de la clase. Pueden trabajar con los padres para alinear el aprendizaje dentro y fuera del aula. Pueden ampliar el acceso de las familias y los estudiantes a sus bibliotecas y computadoras. Pueden ofrecer apoyos como ayuda con la tarea después de clase.

También pueden actuar como enlace crucial entre las familias y recursos en la comunidad como bibliotecas públicas, museos y centros comunitarios. Para que todos los niños alcancen su máximo potencial, hace falta más que una instrucción de alta calidad en el aula. Un sistema educativo realmente sobresaliente debe aprovechar todas las oportunidades para educar a los niños.

Este número de DATOS para familias apenas empieza a explorar algunas de las maneras en que la participación familiar puede ayudar a que las escuelas preparen a nuestros niños para el éxito en el siglo XXI. Pero sea cual sea la forma en que lo logren, las familias, las escuelas y la comunidad deben compartir la responsabilidad de educar a todos los niños, desde el nacimiento hasta la adultez, tanto dentro como fuera de la escuela.